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Llanto y esperanza por Notre Dame

ElisillaA

Equipo de Fiuxy
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18 Enero 2019
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Además de ambientar numerosas obras de ficción, de novelas a películas, la catedral de Notre Dame de París ha sido el escenario de importantes acontecimientos de la Historia de Francia y, por extensión, de Europa. Un viaje de más de ocho siglos en el que sus muros han resistido guerras, conflictos religiosos, revueltas y revoluciones.

Desde que en 1160 el obispo Maurice de Seully ordenase la construcción de una nueva catedral en el lugar donde se ubicaba una iglesia consagrada a San Esteban, en el templo parisino ha sucedido de todo. Quizá por eso la posibilidad de su pérdida nos haya conmocionado, aquí y en Singapur, a fieles y paganos.

"Estaba pensando en aquellas personas a las que había entrevistado ayer la prensa francesa, personas no creyentes, que no habían reparado en cuán importante era Notre-Dame en sus vidas", reflexiona a este respecto la historiadora María Elvira Roca Barea, autora de 'Imperiofobia y leyenda negra'. Esto supone, según ella, "una llamada de atención respecto a uno de los aspectos que nos marcan, como es la religión. La propia etimología de la palabra nos lo indica: 'religión', 'religare' significa 'reunión'".

"Aunque en ocasiones lo veamos como si no tuviera importancia, por muy mundanos y superficiales que nos creamos, nuestra reacción al ver en peligro un símbolo como Notre-Dame es universal. No tiene que ver con ser creyente o no, aunque sí habla de la importancia en nuestra cultura del cristianismo, tan denigrado en décadas recientes. De la simbología que envuelve nuestras vidas, que es paisaje, arquitectura, organización del tiempo. Y también una cosmovisión". Por eso, "ante la posibilidad de perder algo que parecía casi eterno, ante la sensación de que no la vean nuestros hijos y nuestros nietos", se disparan todas las alarmas emocionales.

En Historia se habla mucho de sustratos: capas que se van acumulando, una encima de otra, sobre el suelo, de tal forma que al excavar podemos retroceder en el tiempo. En Notre-Dame toda esa Historia ha quedado adherida en las piedras, como una película invisible que podemos apreciar según miremos de una forma u otra.

Por ejemplo, en 1185 el encargado de oficiar la misa para celebrar la finalización del santuario de Nuestra Señora de París fue Heraclio, patriarca de Jerusalén, en los reinos latinos de Oriente Medio surgidos tras la Primera Cruzada. Cinco años más tarde aquellos enclaves cristianos fueron conquistados por Saladino, lo que daría origen a la Tercera Cruzada. Los ejércitos cristianos de aquellas tierras estaban compuestos en su mayor parte por franceses y muchos de estos soldados recibían la bendición antes de entonar "Deus vult" y partir a Tierra Santa.

Para el año 1200 la nave central, prodigio de ingeniería gótica de la época, estaba terminada y comenzó la construcción de las torres. La obra se prolongaría hasta 1260, aunque no quedaría completamente finalizada hasta un siglo más tarde. Los tres principales rosetones datan del siglo XIII, momento de mayor apogeo del gótico. Este estilo, considerado por muchos historiadores como el primero paneuropeo (el románico no alcanzó tal grado de expansión), se difundió principalmente desde Francia y se podría decir que Notre-Dame fue el epicentro (el núcleo irradiador, que diría alguno) desde donde se difundieron aquellos hallazgos.

Llegó la Peste Negra, que acabó con la mitad de la población de París, y llegó la Guerra de los Cien años, en la que un monarca inglés, Enrique VI, se coronó como rey de Francia en Notre Dame en 1431. Apenas Francia se reunificó en un único reino, llegaron otros problemas. El más importante, las guerras de religión entre católicos y hugonotes. Estos últimos provocaron daños a las esculturas del exterior bajo la acusación de idolatría, mientras que los monarcas católicos modificaron vidrieras y eliminaron tumbas en aras de la modernización.

Pero esos empeños no sirvieron para que la catedral fuese cayendo en el abandono y la degradación. La Revolución Francesa trajo consigo la desacralización de los templos, con lo que Notre-Dame fue convertida en un almacén de comida. Muchas estatuas fueron decapitadas y algunas campanas, fundidas. Como desagravio, Napoleón escogió el mismo lugar para coronarse emperador de Francia, el 2 de diciembre de 1804. Jacques-Louis David inmortalizó el momento en un famoso cuadro en el que Bonaparte aparece sosteniendo la corona antes de colocársela sobre su cabeza.

Los fastos no frenaron la decadencia del templo. Tuvo que ser un escritor, Victor Hugo, quien tres décadas más tarde alertase sobre el estado de conservación del alma de la ciudad en su novela 'Nuestra señora de París' (1831). Concienciados los franceses, en 1846 comenzaron las obras de restauración, dirigidas por Eugene Viollet le Duc. Estos trabajos se enfrentaron a otro contratiempo cuando se produjo un incendio durante la revuelta de la Comuna de París, en 1871.

Notre-Dame no fue ajena tampoco al gran conflicto del siglo XX, la Segunda Guerra Mundial. Si los alemanes destruyeron la catedral de Reims durante la Gran Guerra, su hermana parisina sobrevivió a la invasión de los nazis con daños menores en las vidrieras. Una gran misa 'Te deum' se celebró en su interior para celebrar la liberación de París, el 26 de agosto de 1944.

Mirar, hoy, a Notre Dame es como leer todos estos capítulos de la Historia, aunque el espectador no sea consciente de ello. En la película de Richard Linklater 'Antes del atardecer' (2004), hay un momento en que el personaje de Ethan Hawke le cuenta al de Julie Delpy una historia: que cuando estaban a punto de retirarse de París, los nazis llenaron de explosivos la catedral para volarla, pero el soldado alemán encargado de hacerlo no se atrevió, "aterrado por la belleza del lugar". Sin saber si la historia es cierta o no, Delpy responde: "Hay que pensar que Notre-Dame desaparecerá algún día". Lo cual es cierto y falso al mismo tiempo. Podrán caer sus cascotes, pero no el tiempo que se les quedó adheridos.







Notre Dame es una obligada visita para toda persona que llega a París. Las llamas que devastaron ayer, lunes, buena parte de la catedral, redujeron a cenizas las ilusiones de muchos turistas, decepcionados pero también tristes ante la visión de la catástrofe.

Un día después de que ocurriera el drama, cuando ya se habían extinguido las últimas llamas, visitantes de todos los rincones del planeta seguían acercándose al monumento más visitado de Europa para inmortalizar el lugar con sus teléfonos móviles y cámaras fotográficas.